Los símbolos y signos iconográficos de las civilizaciones antiguas resucitan en la Sala de Arte de Valdeluz

NP 13 06 2017 2

De la mano de José Luis Sosa, un artista plástico venezolano que lleva años investigando en las formas de vida de las civilizaciones ancestrales que son la génesis de sus composiciones pictóricas


La cuneiforme, jeroglífica, maya o pictográfica azteca. Pero también a partir de la hindi o la caligrafía árabe. Son las escrituras de las civilizaciones antiguas en las que se inspira José Luis Sosa para realizar sus composiciones pictóricas a partir de la estilización, simplificación y realce de esos caracteres. Hasta el próximo 23 de junio, la Sala de Arte del Centro Cultural de Valdeluz acoge la exposición ‘Simbols-Signos’ de este artista plástico originario de Venezuela. Que no es sino el resultado de la investigación que ha desarrollado en los últimos años sobre las simbologías, figuras y caligrafías del pasado. “Lo que hago es tomar, adoptar y adaptar esos signos para proyectarlos en mi presente y darles ese pátina de colores del trópico que soy incapaz de desalojar de mis pensamientos”, apunta el autor. Con la base fundamental del acrílico, esa técnica pictórica de secado rápido, a la que ha añadido algunos trazos de rotuladores y crayones de cera sobre papel fabriano hecho a mano a base de algodón.

A medida que Sosa investigaba sobre esos mundos remotos, descubrió que cada uno tenía su propio arte. Unas representaciones artísticas que se desarrollaron porque en realidad simbolizaban la forma de vida de esas culturas ancestrales. Y pone como ejemplo el sistema numérico de los aztecas, mayas e hincas basado en el punto y la raya. “Hasta que 600 años después, Kandinsky interpretó que detrás de ese método de numeración estaba la génesis del arte abstracto”, explica el pintor caribeño. Así que llegó a la conclusión de que los elementos que para aquellas civilizaciones eran una forma de entender la vida, hoy podían convertirse en arte. Es así como nacen sus obras, a las que acuña esas tonalidades cálidas con el predominio de los rojos y amarillos. “Tiene su explicación porque mis últimos años los pasé en Isla Margarita, donde los 365 días del año son de Sol”, explica. Colores que obtiene de los primarios y mezclas hasta que consigue el efecto deseado. En cuanto a los tonos más oscuros, que no llegan al negro, contienen figuras de fondo con las que quiere provocar una segunda lectura.

Y es entonces cuando el espectador tiene que atreverse a descifrar la obra pictórica de José Luis Sosa. “Son muchos los que me preguntan qué es lo que quiero decir. No, yo no digo nada; está ahí. Todos los cuadros tienen una lectura. Solo hay que descubrir en los elementos compositivos una simbología y signos que ya existen”, invita. El artista está convencido que si es capaz de excitar su curiosidad, conseguirá que el público entienda lo que persigue. Si alguien ve jeroglíficos, es que lo son. Al no tratarse de elementos figurativos, ese análisis está sujeto a interpretación subjetiva. Pero no hay que quedarse simplemente en la mancha. Porque hay fondo sobre fondo, negro sobre negro. Y es que todo guarda una relación. Una lectura. De ahí que se sonría al evocar una recurrente pregunta que le suelen hacer acerca de cuál ha sido su mejor obra. “Aún está por hacer, porque si la hubiera logrado no tendría sentido continuar”, dice.

Porque este artista que ingresó en 1970 en la Escuela de Artes Plásticas ‘Cristóbal Rojas’ de Caracas y que se entregó en cuerpo y alma a la docencia durante más de cuatro décadas, mantiene intactas las inquietudes. Solo hay que hacer un repaso a su trayectoria para darse cuenta. Lo primero que hizo fue indagar en los cuerpos masculinos. Encerrados y torturados en sí mismos. Con mucho dibujo y color de fondo. En una segunda etapa adoptó el erotismo como leitmotiv. Para explorar la parte femenina. Con desnudos, líneas, escasos matices y a la búsqueda de la sensualidad del cuerpo humano. Luego se decantó por los interiorismos y la introspección. Habitaciones en las que proyectaba la mirada desde dentro hacía afuera. Hoy sigue inmerso en ese proceso creativo. Y no ha llegado al final del camino. Ni mucho menos. Ahí anda, rastreando otras trayectorias y posibilidades. “Ahora estoy trabajando en las cajas de artistas, una serie de elementos iconográficos ya construidos cuyas figuras extraigo del plano de los cuadros para introducirlos dentro de esas cajas que yo llamo neoescritura”, explica.

José Luis Sosa se instaló en España en 2014 y el año pasado recaló en Guadalajara. En la actualidad imparte un taller de dibujo y pintura para adultos en el Centro Cultural de Valdeluz en el que enseña técnicas básicas en cuanto a estilos, lenguajes, materiales, etc.

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